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China y la amenaza a la cadena de suministro de EE. UU.

Innegablemente, la actual pandemia del coronavirus ha puesto ante la palestra pública el peligroso nivel de dependencia que mantiene los Estados Unidos con respecto a China, importante acreedor y competidor global de la nación norteamericana.

En sentido general, son muchas las áreas en las que el país asiático ha penetrado en la economía estadounidense, hecho que, sin lugar a dudas, deviene una amenaza de seguridad tanto para el ejército como para el público norteamericanos.

Penetración china en el mercado de EE. UU.

Para que se tenga una idea de cómo está el panorama en este sentido, basta con echar un vistazo a estas recientes estadísticas. Según datos recogidos por World Integrated Trade Solution (WITS), una herramienta del Banco Mundial, EE. UU. consume anualmente casi $564 mil millones de dólares en bienes y servicios procedentes de China, con una proporción del 21.57%, hecho que convierte al país asiático en nuestra principal fuente de importación.

A esto hay que añadir que las empresas y nosotros, los consumidores estadounidenses, pagamos unos tres mil millones de dólares al mes por concepto de impuestos adicionales, tal como afirman economistas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, la Universidad de Princeton y la Universidad de Columbia en un reporte de BBC News Mundo.

Productos importados de China

La invasión de productos chinos en Estados Unidos es realmente preocupante. Por dondequiera, la etiqueta Made in China se hace presente, abarcando un sinnúmero de esferas de nuestra economía.

Esta es tan solo una muestra de los múltiples productos importados del país asiático:

  • Maquinaria eléctrica y agrícola
  • Productos tecnológicos
  • Equipos electrodomésticos
  • Automóviles
  • Materiales de construcción
  • Productos químicos y textiles
  • Juguetes
  • Paneles solares
  • Equipos médicos y medicinas
  • Computadoras
  • Papel y madera
  • Frutas y verduras
  • Conservas y granos
  • Pescados y mariscos
  • Cereales y pasta

En el terreno de la tecnología, por ejemplo, al menos siete compañías tecnológicas estadounidenses (HP, IBM, Dell, Cisco, Unisys, Microsoft e Intel) usan mayormente productos o suministros procedentes de China.

Robo de propiedad intelectual

Como si no bastara con la inmensa penetración de la manufactura china en suelo estadounidense, hay otra realidad igualmente alarmante, y es que cada vez somos más vulnerables ante el robo de propiedad intelectual (PI) por parte de los chinos.

En este sentido, téngase en cuenta que el costo anual del robo por este concepto oscila entre $225 mil millones y $600 mil millones de dólares, según un reporte de la Comisión de EE. UU. sobre el Robo de la Propiedad Intelectual Estadounidense citado por Los Angeles Times.

En este sentido, téngase en cuenta que el costo anual del robo por este concepto oscila entre $225 mil millones y $600 mil millones de dólares, según un reporte de la Comisión de EE. UU. sobre el Robo de la Propiedad Intelectual Estadounidense citado por Los Angeles Times.

Consecuencias del robo de PI

Obviamente, las pérdidas monetarias relacionadas con el robo de PI por parte de China conllevan serias consecuencias. Una de ellas es que los Estados Unidos perderá la delantera en materia de modernización estratégica, toda vez que la usurpación de nuestros secretos industriales conduciría a que el país asiático se vuelva más fuerte.

No es un secreto para nadie que los productos Made in China devienen una tentación debido a su bajo costo, pero es que tales productos son así de baratos, precisamente, porque gran parte de la innovación y el desarrollo nos ha sido usurpada.

Además, no olvidemos que la mano de obra en la nación asiática es esclava de su propio sistema (el salario mínimo oscila entre 1000 y 2190 yuanes anuales, equivalentes a $146 y $321 dólares, respectivamente).

Impacto chino en el sector sanitario

Hoy por hoy, China es el principal proveedor de medicamentos a EE. UU. Prácticamente, todos nuestros hospitales y hogares disponen de medicinas de origen chino: desde antibióticos, antidepresivos y analgésicos hasta fármacos usados en tratamientos de quimioterapia y contra el VIH/SIDA.

Como consecuencia directa, nuestro país se vuelve vulnerable a interrupciones en la cadena de suministro en momentos sanitarios cruciales, como, por ejemplo, ahora, cuando nuestro país se enfrenta a la pandemia del coronavirus. Fácilmente, Beijing podría aprovechar esta dependencia para conseguir una ventaja económica, política e, incluso, militar sobre EE. UU.

En aras de hacerle frente a este problema, los representantes John Garamendi, del partido demócrata, y Vicky Hartzler, del republicano, presentaron en octubre pasado el proyecto bipartidista “Ley de reforma de preparación a largo plazo para la independencia farmacéutica”.

Definitivamente, EE. UU. necesita examinar su dependencia del mercado chino en lo relativo a medicinas y vacunas, reubicar la producción farmacéutica en el territorio nacional en pos de una mayor seguridad y disminuir los riesgos asociados con el control de calidad de fármacos usados masivamente.

Prácticas comerciales desleales

Las actividades comerciales desleales son otro eslabón en esta cadena. Un ejemplo de ello es lo siguiente: mientras China impone un arancel del 25% a los autos importados de EE. UU., la aduana estadounidense estipula un arancel de solo un 2.5% a los autos provenientes del país asiático.

Las actividades comerciales desleales son otro eslabón en esta cadena. Un ejemplo de ello es lo siguiente: mientras China impone un arancel del 25% a los autos importados de EE. UU., la aduana estadounidense estipula un arancel de solo un 2.5% a los autos provenientes del país asiático.

Un tercer ejemplo vinculado con este tema es el hecho de que Google, Facebook y Twitter están prohibidos en la nación asiática.

Cómo eliminar la dependencia de China

Dentro de las posibles soluciones encaminadas a desligarnos de China, y como parte de un plan de reconstrucción nacional de nuestra cadena de suministro, habría que considerar la toma inmediata de medidas encaminadas a revertir la actual situación.

Primero que todo, habría que imponer un mandato gubernamental para que todos los contratistas federales compren productos hechos aquí. También habría que obligar a las empresas a mover sus actividades de cadena de suministro fuera de China, ofreciendo incentivos a quienes lo hagan e imponiendo aranceles a quienes se resistan.

Como parte de esta estrategia, igualmente habría que priorizar la capacitación técnico-científica de nuestra mano de obra, en particular de los militares activos, los jubilados y sus familiares, así como reincorporar a los veteranos militares a la fuerza laboral. En este sentido, podrían emitirse Bonos Patriotas del Tesoro de la República como incentivos (de hasta $20 mil dólares) por cada militar que sea contratado por empresas privadas.

Paralelamente, habría que impulsar el trabajo en las llamadas Zonas de Oportunidad Económica a fin de que estas sirvan de ancla para repatriar capital y transferir tecnologías a territorio norteamericano.

A las empresas locales, como Apple, se les podrían brindar exenciones contributivas de cinco a diez años para que se reubiquen en territorios estadounidenses como el del Estado Libre Asociado de Puerto Rico (PR), cumpliendo así con el mandato presidencial de Made in America. Con esta medida se estarían cumpliendo dos objetivos fundamentales: potenciar la debilitada economía de la isla y brindarle un incentivo interesante a quienes decidan invertir en ella.

Entre las posibles soluciones frente al dilema con China, también estaría la de priorizar la extracción de petróleo y de gas natural en la región de Dakota del Norte, con lo cual se fomentarían la independencia energética de EE. UU., la generación de empleos y el fortalecimiento de la clase media estadounidense.

Por otro lado, también resultaría altamente beneficioso que a los aliados de EE. UU., como los de la OTAN, se les exija, a modo de condición sine qua none, que compren a industrias norteamericanas y que consuman productos Made in America para tener acceso a nuestro armamento y a nuestra tecnología de punta, por citar un par de casos.

Igual de ventajoso sería redefinir los requerimientos de licitaciones a fin de priorizar las compras locales y establecer los estándares de calidad de acuerdo con los criterios de producción de EE. UU.

En la industria de telecomunicaciones deberíamos prohibir la compra en Estados Unidos de productos de compañías vinculadas al ciber espionaje y de toda aquella que mantenga vínculos con el ejército rojo de China, como Huawei.

Abril: mes nacional de la integridad en la cadena de suministro 

Tan delicado es el tema de la penetración china en nuestro país que ya se ha designado a abril como el mes nacional de la integridad en la cadena de suministro. El Centro Nacional de Seguridad y Contraespionaje (NCSC por su sigla en inglés) encabeza esta iniciativa, destinada a evaluar y mitigar las actividades de inteligencia extranjera que intenten comprometer a nuestra nación.

Como ya hemos expuesto antes, tanto China como otros adversarios no cejan en su fin de explotar la cadena de suministro para robar la PI de EE. UU., corromper softwares, vigilar nuestra infraestructura y ejecutar actividades maliciosas. Más que nada, buscan infiltrarse como proveedores “confiables” para apuntar hacia equipos, sistemas y datos usados a diario por nuestro Gobierno, nuestras empresas y nosotros mismos.

Durante el próximo mes de abril, el NCSC trabajará para crear conciencia acerca de esta preocupante realidad, así como para brindar recursos orientados a mitigar sus efectos. Ahora más que nunca, tenemos que luchar por contrarrestar la dependencia al país asiático y, con ello, lograr que EE. UU. se libere definitivamente de la seria amenaza que esta representa.

Dr. Rafael Marrero

CEO Inc. 500 - Experto nacional # 1 en contratación federal - Multipremiado economista - Asesor financiero - Autor del bestseller de Amazon "La salsa secreta del Tío Sam" - Columnista de varias publicaciones - Comentarista de noticias en radio y televisión.

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