skip to Main Content
"Positioning your Small Business with the World’s Biggest Customer"®

Pandemia global, recuperación económica y marxismo cultural

Seis meses después de que el coronavirus surgiera en China y se extendiera a nivel global, la pandemia sigue cobrando vidas y manteniendo al mundo en máxima alerta. Mucho se ha hablado de sus orígenes a través de diversas teorías, pero lo que sí está bastante claro es que el partido comunista chino, principal enemigo del mundo occidental, tiene una implicación directa.

A la nación asiática la mueven intereses comerciales y políticos en franca carrera contra los Estados Unidos. Para ello se vale del robo de propiedad intelectual, competencia desleal, registro de patentes fraudulentas, espionaje económico, malas prácticas en derecho de autor, piratería en línea, fabricación falsificada y, como si eso no bastara, también de una pandemia.

Desde los inicios del COVID-19, China ocultó información y mintió sobre el real origen del virus. Literalmente, ha paralizado al mundo y EE. UU. no ha sido la excepción. Miles de estadounidenses han fallecido por su causa, otros tantos han estado a punto de morir, mientras de un lado familias enteras viven angustiadas por su salud y del otro, la economía se ha enfrentado a un colapso económico solo similar al de la Gran Depresión.

Relaciones Estados Unidos-China

Seis meses después de haber llegado también a un acuerdo comercial, en un intento por suavizar la guerra económica entre los dos países, la renegociación de las relaciones EE. UU.-China está marcada ahora por el coronavirus y sus consecuencias. A todas luces, el cierto optimismo de enero no tiene mucho que ver con el actual estado de ánimo de la administración Trump.

Es que justo cuando el acuerdo entró en vigor en China, en febrero pasado, la nación asiática ya estaba bajo medidas de confinamiento, y justo a fines de ese propio mes, Washington anunció el primer caso oficial de COVID-19 en Estados Unidos.

Con la llegada del virus a suelo norteamericano, habrá que ver qué rumbo final toma este acuerdo mediante el cual EE. UU. desistiría de sanciones comerciales a China y el país asiático compraría más productos estadounidenses.

Analistas sostienen que ambas naciones deberían continuar con lo pactado, no solo por el propio beneficio de los dos países, sino también por los del resto del mundo, sumidos actualmente en la peor recesión de los últimos 90 años.

Mientras se define el derrotero de esta primera fase de negociaciones, también hay que hacerle frente a ciertos movimientos marxistas y anticapitalismo que están operando en nuestro suelo con el respaldo de intereses globalizadores, a los que les conviene la mano de obra esclava en China y que no se repatrien a territorio americano los capitales y las industrias estadounidenses.

Woke culture en EE. UU. y Occidente

Los movimientos conocidos como woke culture o cancel culture en EE. UU. y Occidente, no son más que una expresión del marxismo cultural, teoría desarrollada por el filósofo comunista italiano Antonio Gransci, fallecido en 1937.

Como ejemplos tenemos a ciertos brazos militares y armados de esta nueva (pero vieja) izquierda radical: los Black Lives Matter (BLM) y Antifa (organización de extrema izquierda), abiertamente marxistas y anticapitalistas.

Con anterioridad, dichos movimientos no podían tomar el poder por la vía insurreccional en un ataque frontal, como intentaron sus camaradas durante las décadas del 80 y 90 en América Latina (el FMLN en El Salvador; el FSLN, en Nicaragua y el EZLN, en México), así que lo intentaron por la vía electoral/parlamentaria con un cierto nivel de “éxito”, aunque moderado, ya que no eran la mayoría dentro del Partido Demócrata.

Tal como hemos visto recientemente, hoy salen del clandestinaje y abiertamente saquean propiedades y agreden a ciudadanos. A modo de excusa y justificación, se valen de incidentes y detonantes sociales, como la muerte de George Floyd, a fin de declararle la guerra a Estados Unidos, en particular, y a Occidente, en general.

El movimiento BLM, en concreto, ha provocado protestas generalizadas no solo en nuestro país, sino también en Australia y países europeos, y tal como afirmara la cofundadora del grupo, Patrisse Cullors, ellos mismos se consideran “marxistas entrenados”.

A propósito de este tema, el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Ben Carson, criticó recientemente a Black Lives Matter, calificándolo de “organización impulsada por el marxismo”. En recientes declaraciones a Fox News, Carson se preguntó y respondió a sí mismo: «¿Importan las vidas negras? Creo que todos estarán de acuerdo en que sí».

Sin embargo, agregó, “estamos hablando de algo más cuando hacemos frente a un movimiento que defiende cosas como derribar el modelo de la estructura familiar occidental y desfinanciar a la policía. Estas son cosas antitéticas al modelo estadounidense y al patriotismo en este país”.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, entretanto, dijo que todas las vidas negras importan, que el presidente Trump está de acuerdo con ese sentimiento, pero que no puede estarlo con una organización que llama cerdos a los policías e incita a freírlos como tocino.

McEnany subrayó que se trata de «nuestros oficiales de policía, de nuestros valientes héroes que están en la calle protegiéndonos todos los días”. Asimismo, recordó lo dicho por el presidente de BLM: ‘Si este país no nos da lo que queremos, quemaremos [el] sistema y podría estar hablando literalmente’.

En opinión de McEnany, esto no es más que «una declaración bastante odiosa»; declaración que se refleja en la reciente destrucción de la propiedad privada y de pequeños negocios, principalmente en las comunidades negras e hispanas de EE. UU. Sin dudas, un claro intento por frenar nuestro repunte económico (gran reto en sí debido al coronavirus) y también por desbancar al presidente, Donald Trump, en las elecciones de este 2020.

Solamente en Minnesota, recordemos, unas 270 pequeñas empresas fueron destrozadas al tiempo que muchas otras igualmente resultaron vandalizadas en 16 importantes ciudades de la unión. De igual forma, autos policiales fueron quemados y estatuas históricas, derribadas, como parte de los disturbios.

Paralelamente, se reportaron decenas de lesionados y miles de arrestados como resultado de estas violentas manifestaciones, que repercutirán a corto y largo plazos en los pequeños negocios de las minorías. Y todo eso, reitero, en medio de una colosal pandemia que, en términos sanitarios, aún no muestra signos de luz alguna al final del túnel.

Economía de EE. UU. antes del COVID-19

En 2019, antes de que el coronavirus irrumpiera en los Estados Unidos, el país estaba en una franca expansión de su economía tras sumar 120 meses de crecimiento continuo. La tasa de desempleo, uno de los principales parámetros de medición, no solo era muy baja, con un 3,7%, sino que mostraba una tendencia descendente, tal como reportara en su momento BBC News.

De acuerdo con su artículo “¿Recesión en EE. UU?: Los 3 indicadores que contradicen las predicciones de que el país se encamina a una crisis económica”, cuando algo así ha ocurrido a lo largo de la historia, es porque existe menos de un 10% de probabilidades de que ocurra una recesión durante los doce meses posteriores.

Otro elemento que dibuja el estado de la economía es la actitud de los consumidores. Según la misma fuente, cifras del Departamento de Comercio dieron cuenta de que las ventas al por menor crecieron lo suficiente como para sumar un positivo crecimiento en ese sector. Es decir, la gente estaba comprando bastante porque tenían buena expectativa acerca de su situación económica personal y de la economía en general.

Inclusive, el presidente Trump dijo el año pasado: “Estados Unidos es ahora, con diferencia, la economía más grande, más fuerte y más poderosa en el mundo. Mientras otros se tambalean, nosotros solo nos ponemos más fuertes”.

Y no era para menos: el índice de desempleo era bajísimo, las exportaciones aumentaron un 2% en vez del 1,4% previsto; el mercado inmobiliario creció un 5,1% (el mayor repunte en dos años); el PIB, aunque modestamente, registró un 2,3% de crecimiento y el país terminó una década entera sin entrar en una recesión por primera vez en la historia.

Economía global antes del coronavirus

Antes del COVID-19, la economía global, por su parte, reportaba su crecimiento más débil en la última década, un 2,3%, según un reporte de las Naciones Unidas difundido por la AP.

Factores como el aumento de las tensiones comerciales, el mal clima de negocios y las debilidades específicas de cada nación en los mercados emergentes, resultaron determinantes en el bajo desarrollo económico.

En su artículo “ONU: Crecimiento mundial de 2019, el más bajo de la década”, la AP señaló que “el panorama económico para Latinoamérica y el Caribe, África, el oeste de Asia y las economías en transición, estaba empañado por los precios relativamente bajos de las materias primas y la prolongada debilidad en algunos países”.

Economía de EE. UU. tras impacto del COVID-19

Al llegar 2020, y con el mortal impacto del coronavirus, todos nos hemos visto afectados. Estados Unidos, por ejemplo, llegó a tener una tasa de desempleo del 14,7% en abril, en un fuerte contraste con la del 3,7% registrada en febrero. Añadido a eso, todos los sectores de la economía resultaron perjudicados por el confinamiento social y más de 40 millones de estadounidenses perdieron sus empleos.

Afortunadamente, y contra todos los pronósticos, el país está mostrando signos de avance. En junio, por ejemplo, se crearon 4,8 millones de puestos de trabajo y la tasa de desempleo cayó a un 11.1% comparado con el 13.3% de mayo. Cabe notar que para esta fecha se vaticinaba un 20% de desempleo y, a tenor de lo ocurrido, las cifras van hablando por sí mismas.

Como no podía ser de otra manera, estamos en medio de la recuperación económica y por eso se están tomando medidas tan certeras. En el campo comercial, hoy tenemos al tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA), que, entre otros muchísimos beneficios, aumentará nuestra competitividad en importantes áreas de la economía y generará miles de nuevos empleos, principalmente en los sectores automotriz, agrícola y tecnológico.

Por la América 2.0

En el propio ámbito económico, tenemos ante sí la meta de romper definitivamente con las ataduras que nos unen a China, suerte de guerra fría que supone el enfrentamiento con el país asiático.

La repatriación de nuestra cadena de suministro a EE. UU. y la proliferación de la etiqueta MadeInUSA deben ser piezas fundamentales de esta nueva guerra de independencia contra Beijing, de la cual nacerá, indudablemente, una nueva América: la América 2.0.

Según la Comisión Estadounidense sobre el Robo de Propiedad Intelectual (PI), China es el principal infractor en lo que respecta a la PI. De hecho, se ha comprobado que ha venido usurpando secretos comerciales, industriales y de toda índole desde hace más de 10 años.

Lógicamente, la actual administración intenta poner un alto a lo que viene sucediendo, y tal como ha dicho el presidente Trump, “tenemos que analizar la transferencia de tecnología forzada y el robo de propiedad intelectual, que por sí solos les están costando a los Estados Unidos y a sus compañías al menos $300 mil millones de dólares al año”.

Está claro que nuestro país necesita examinar su atadura con el mercado chino en lo relativo a medicinas, vacunas, tecnología, alimentos, telefonía, maquinarias y otros tantos eslabones engarzados, en gran medida, a la manufactura o a las materias primas asiáticas.

No podemos permitir que los chinos aprovechen la situación creada en torno al coronavirus para tomar ventaja económica, política y militar. Opciones al alcance tenemos, como, por ejemplo, el retorno de la Sección 936 a Puerto Rico, tal como sugiere la recientemente anunciada Ley para Asegurar la Cadena de Suministros de 2020.

Sin lugar a duda alguna, apostamos por una América libre de las influencias china y marxista; abogamos por la libre empresa y, ¡cómo no!, por una sociedad en la que se fomente la participación y se incentive la creatividad, sin espacio para movimientos con intereses hegemónicos y, mucho menos, ultraizquierdistas.

Nuestro reto es grande, sí, pero también el afán, la voluntad y la perseverancia. Pésele a quien le pese, América volverá a ser grande una vez más.

Dr. Rafael Marrero

CEO Inc. 500 - Experto nacional # 1 en contratación federal - Multipremiado economista - Asesor financiero - Autor del bestseller de Amazon "La salsa secreta del Tío Sam" - Columnista de varias publicaciones - Comentarista de noticias en radio y televisión.

This Post Has 0 Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Back To Top