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Plan republicano para reconstruir la economía postpandemia

Ahora que los comicios presidenciales de los Estados Unidos están a la vuelta de la esquina, es natural que hagamos un repaso del grandioso trabajo que ha hecho el presidente, Donald Trump, durante su mandato, marcado para la historia no solo por los logros obtenidos en varios frentes, sino también por la pandemia mundial del coronavirus.

El actual inquilino de la Casa Blanca no lo ha tenido fácil, en especial en este 2020, cuando más de 200 000 estadounidenses han muerto a causa del COVID-19 y otros casi ocho millones han resultado contagiados, incluido él y parte de su familia. Realmente, este cuarto año al frente de la presidencia ha sido un verdadero reto, pero un reto que está siendo cabalmente superado.

Mientras los demócratas no han hecho más que objetar y entorpecer la aprobación de importantes leyes y medidas, los republicanos han sacado el pecho por el país y, con Trump al mando, han conseguido reanimar la economía, generar millones de empleos y, en sentido general, lograr la recuperación más rápida de la historia.

Logros de Trump: ingreso familiar

Los números lo dicen todo. Basta echar un vistazo a los primeros tres años de la Administración Trump para constatar cuánto ha avanzado nuestro país, económicamente hablando.

Pongamos como ejemplo, en primer lugar, el hecho de que, en ese lapso, los ingresos de la familia estadounidense promedio aumentaron en $6000 dólares, lo que equivale a más de cinco veces las ganancias registradas durante todo el mandato de Barack Obama.

En declaraciones ofrecidas esta semana sobre la recuperación económica, publicadas por la Casa Blanca, el propio presidente hizo referencia a cómo la clase trabajadora ha sido una de las mayormente beneficiadas con sus políticas en este sentido. Sobre este particular dijo que «el 50% de los hogares experimentó un asombroso aumento del 40% en el patrimonio neto», siendo los trabajadores manuales quienes reportaron un mayor aumento en sus salarios.

En cuanto al último año concretamente, la Oficina del Censo informó que el 2019 fue histórico en cuanto al nivel de vida, según comunicara The White House este 2 de octubre. Es decir, «el ingreso medio real de los hogares alcanzó un nivel récord y la pobreza alcanzó un mínimo histórico, con lo cual las mejoras tanto en uno como en otro parámetro fueron las mayores en más de 50 años».

De acuerdo con ese reporte, el ingreso familiar promedio real en 2019 aumentó en $4400 dólares, lo que representó un 6.8% de crecimiento y coadyuvó a que hoy podamos decir que, desde 2016, el dinero que llegó a los hogares estadounidenses aumentó en un 9.7%.

Muy destacable es el hecho, además, de que «los grupos minoritarios, incluidos los afroamericanos, los hispanos y los asiático-americanos, hayan sido los que experimentaron mayores avances», subraya el informe.

Como resultado de ese gran logro, la pobreza se desplomó, alcanzando la mayor reducción en más de medio siglo. Pongámoslo con cifras: la tasa oficial de pobreza cayó al 10.5% en 2019. O, dicho de otro modo, más de cuatro millones de personas salieron de la penuria.

Éxitos de Trump: fuerza laboral

Durante los tres primeros años de gobierno, la Administración Trump también fue responsable de la creación de unos 6.6 millones de empleos, estadística en línea con la situación económica que presentaba el país antes de la llegada de la pandemia, cuando la tasa de desempleo llegó a registrar el mínimo histórico de un 3.4%.

Poniendo en perspectiva todo lo logrado en ese particular, téngase en cuenta el hecho de que «al final de la última administración, la Oficina del Presupuesto del Congreso proyectó que se crearían menos de dos millones de puestos de trabajo en [los próximos] tres años», tal como recordara el mandatario en la misma alocución.

Sin embargo, a tenor del comunicado difundido por la Casa Blanca esta semana, esa cifra no solo fue rebasada gracias a las medidas tomadas por el Partido Republicano en el poder, sino más que triplicada con la generación inicial de casi siete millones de nuevos empleos.

Y es que ni siquiera bajo los efectos del coronavirus las sombrías predicciones al respecto han tenido lugar. Cuando casi todo el mundo vaticinaba una tasa de desempleo del 20% en mayo, los hechos demostraron que Estados Unidos podía (puede) recuperarse rápidamente, esto es, pasar de un pico del 14.7% en abril a un 13.3% en mayo y a un 7.9% el mes pasado, tal como recoge este otro reporte de la Casa Blanca.

«Bajo la administración anterior, tomó 30 meses recuperar más de la mitad de los empleos perdidos en la crisis. [Nosotros] superamos ese hito en menos de cinco meses», subrayó Trump con regocijo en su más reciente declaración.

Hoy, cuando la economía sigue avanzando rápido hacia su recuperación total, ya suman más de 11 millones los puestos de trabajos creados, y para continuar así, el presidente se está asegurando de tomar certeras medidas que mantengan ese increíble repunte en el sector laboral, muy a pesar de las serias consecuencias que el coronavirus pueda generar.

America First: empleo nacional

Como parte de los esfuerzos que realiza nuestro gobierno para impulsar la economía del país, el presidente firmó hace poco una orden ejecutiva que pone en primer lugar a los empleados americanos, evitando así que estadounidenses calificados sean desplazados por trabajadores extranjeros.

Grosso modo, bajo esa nueva política, los empleadores federales deberán centrarse en nuestra propia fuerza de trabajo y no en ninguna proveniente de otros países. También se velará porque los empleadores no reemplacen a trabajadores estadounidenses por empleados con visas H-1B, H-4, L-1, H-2B y J-1.

Aparte de esa nueva iniciativa, el presidente ha tomado otras tres medidas encaminadas a proteger el empleo de nuestra gente. La primera de ellas es la que elimina la opción de solicitar asilo con el fin de obtener un Documento de Autorización de Empleo; la segunda, la que frena la inmigración a nuestro país, y la tercera, la que suspende la emisión de permisos de residencia permanente hasta nuevo aviso.

Nuestro presidente tiene bien claro que la contratación externa de empleados perjudica a nuestra fuerza laboral. De hecho, millones de estadounidenses se han visto privados de sus empleos como consecuencia de esa práctica, pero eso no pasará más. La prioridad, definitivamente, será contratar a americanos en primer término, máxime tras el impacto del COVID-19.

Precisamente, gracias a la puesta en marcha de esa nueva orden ejecutiva y del resto de las iniciativas citadas, ya se sabe que al menos 525 000 puestos laborales quedarán en manos de ciudadanos estadounidenses, tal como debe ser.

Según reseña un artículo de Infobae, «el presidente también está ayudando a los trabajadores estadounidenses mediante la expansión de programas de aprendizaje, la reforma de los programas de capacitación laboral, y la unión de empresas y educadores para garantizar una instrucción de alta calidad y una capacitación en el trabajo».

Bajo el título de “Las claves del programa de Donald Trump para reconstruir la economía de Estados Unidos”, el reporte señala que «la idea del gobernante para recuperar ese terreno pasa por estimular la creación de empleos mediante una gran inversión pública en infraestructura, una medida valorada en dos billones de dólares y con apoyo bipartidista en el Congreso».

EE. UU. primero: producción local

Con el mismo ánimo de potenciar nuestra producción, seriamente impactada por la pandemia, la actual Administración igualmente está anteponiendo nuestros intereses nacionales por encima de todo. En este sentido, «Trump le ha dado la espalda a gran parte de sus socios comerciales externos», tal como enfatiza el propio reporte de Infobae.

Sin lugar a dudas, el conflicto comercial con China ha sido una pieza central de nuestra actual política económica, que también «sancionará a aquellos países con los que Estados Unidos tenga un alto déficit comercial o la Administración crea que están tratando “injustamente” a las empresas estadounidenses en el extranjero».

En conformidad con ese objetivo, cabe señalar que, «en febrero pasado, el déficit comercial del país cayó más de un 12% debido a una fuerte disminución de las importaciones de bienes provenientes del país asiático y la Unión Europea», en un claro intento de revertir el hecho de que EE. UU. siempre ha sido un país más importador que exportador.

Tal como enfatizara la Casa Blanca en su más reciente comunicado sobre este tema, el presidente Trump igualmente se «está asegurando de que las cadenas de suministro médico y farmacéutico se reubiquen [en territorio nacional]».

En este orden de cosas, hágase notar la posible reimplantación de la Sección 936 del Código de Rentas Internas en Puerto Rico (PR) mediante la Ley para Asegurar la Cadena de Suministros de 2020, propuesta por la representante de PR en el Congreso, Jenniffer González.

De ponerse en práctica esta ley, no solo disminuiríamos la dependencia con China y otros países respecto a la producción de medicamentos e insumos sanitarios de primer orden, sino que también potenciaríamos nuestro desarrollo económico con la generación de miles de nuevos empleos y la concesión de créditos contributivos a las empresas manufactureras que se establezcan en zonas económicamente afligidas, como lo es casi todo Puerto Rico.

Por medio de una política proteccionista, que innegablemente intenta potenciar a nuestra industria y priorizar a los productos hechos en los Estados Unidos, es muy evidente que el candidato republicano a la presidencia está haciendo hasta lo imposible por recuperar el terreno medianamente perdido.

«Made in America no es un eslogan: es una promesa solemne, es la base de nuestro renovado éxito», recalcó el mandatario hace poco a propósito de la proclamación del Made in America Day, que se celebrará cada 5 de octubre, y de la Made in America Week, que tendrá su espacio del 4 al 10 del propio mes.

«En todos los frentes ─ratificó el líder republicano─ mi Administración continuará luchando por los trabajadores estadounidenses, los empleos estadounidenses y las empresas estadounidenses para garantizar la prosperidad de hoy y de las generaciones futuras».

Pequeñas empresas: fuerza esencial

¡Qué duda cabe de que los pequeños negocios de EE. UU. son el pilar de nuestra economía! En un país donde la iniciativa privada es aplaudida y los sueños de emprendimiento son realizables, toca apoyar a los pequeños y medianos empresarios para que continúen contribuyendo con el crecimiento económico de nuestras comunidades.

El presidente Trump, megaexitoso empresario que no solo sabe cómo manejar las riendas de un país, sino también cómo triunfar en mayúscula en el área de los negocios, no ha hecho más que apoyar a las pequeñas compañías devenidas fuerza motriz del desarrollo económico local y nacional, sobre todo, tras el impacto de la pandemia.

En marzo pasado, por ejemplo, aprobó el mayor paquete de estímulo financiero de la historia de los Estados Unidos, el CARES Act, que, entre otras ayudas, concedió miles de millones de dólares al Programa de Protección de Pago (PPP) y al Préstamo de Desastre por Daños Económicos (EIDL), ambos destinados a menguar el impacto económico del COVID-19 en las pequeñas empresas.

Los pequeños negocios igualmente se han visto beneficiados en cuanto a impuestos, pues se han dictado medidas para recortarlos o suspenderlos transitoriamente, en lo que salimos del coronavirus. Al margen de la pandemia, Trump también ha dicho que extenderá la reforma fiscal sobre rentas individuales, incluida en la Ley de Empleos y Reducción de Impuestos, que expirará en 2025 y mediante la cual el impuesto a pagar por las empresas pasará del 35 al 21%.

Además de estas medidas, el presidente aprobó la entrada en vigor del USMCA, tratado entre Estados Unidos, México y Canadá, considerado como el acuerdo comercial más grande, equilibrado y justo jamás negociado.

Además de darnos ventaja competitiva y fomentar el crecimiento de nuestra economía, entre otras muchas ventajas, este acuerdo beneficiará directamente a todos los sectores del gremio empresarial, especialmente a las ramas agrícola y automotriz.

Make America Great Again

Casi al término de los primeros cuatro años al frente de los Estados Unidos de América, el presidente Donald J. Trump puede estar convencido y satisfecho de haber hecho un excelente trabajo en función de su meta de hacer grande a América otra vez. Lo ha demostrado cabalmente y lo sigue demostrando, con creces.

Si dirigir los destinos de un país es sobradamente difícil en circunstancias normales, ¿qué decir bajo el azote de una pandemia? Indudablemente, nuestro líder al mando se ha enfrentado al mayor reto de su presidencia con sobrado valor y ha prometido sacarnos de esta tal cual lo está haciendo: con empuje, trabajo y protección de nuestros intereses soberanos.

Así, tal cual, lo ha confirmado recientemente: «Continuaremos nuestra recuperación en forma de V y lanzaremos un auge económico récord. Terminaremos con la pandemia con una vacuna segura y eficaz, [y también] crearemos 10 millones de puestos de trabajo en los primeros 10 meses de 2021».

¿Alguien duda de que así será? Trump no solo ha demostrado su valía como presidente del país más poderoso del mundo: también ha construido una marca perdurable que trasciende los negocios y llega al despacho oval con la misma convicción de triunfo. Firme y optimista estará este 3 de noviembre cuando le toque ser reelecto por la mayoría que lo prefiere. ¡Trump 2020! ¡Estamos con él!

Dr. Rafael Marrero

CEO Inc. 500 - Experto nacional # 1 en contratación federal - Multipremiado economista - Asesor financiero - Autor del bestseller de Amazon "La salsa secreta del Tío Sam" - Columnista de varias publicaciones - Comentarista de noticias en radio y televisión.

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